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publicidad y diseño digital

Claves para afrontar con éxito la evolución de un logotipo


El logotipo de una marca o empresa tiene un indiscutible papel protagonista en su imagen corporativa. Los negocios buscan crear en los consumidores una percepción de su identidad que vaya más allá, que les represente y defina incluso cuando su marca no esté presente.

Un logotipo es capaz de simbolizar no solo la actividad de la empresa, se diseña en base a una filosofía (servicios como rapidez, calidad, bajo coste o garantía son muchas veces incorporados también como ideogramas) y un público objetivo. Por este motivo, diseñar un “logo” efectivo es difícil, y que este llegue a ser el emblema de la marca es cuestión de tiempo y una acertada campaña de mercadotecnia.

El mercado cambia, el logotipo también

Y pasado un tiempo advertiremos que nuestra actividad es mayor y que nuestro posicionamiento en el mercado es constatable. El concepto de estética fluctúa de manera muy veloz, y son necesarios unos pocos años para reconocer algo desfasado en lo que antes era considerado fresco y actual. Por ello llegará un día en el que tengamos que plantearnos modificar nuestro logotipo con un nuevo diseño funcional y contemporáneo.

¿Cuándo NO cambiar nuestro logotipo?

En algunos casos tales como:

– Si hace menos de 5 años que lo cambiamos
– Si nuestra marca no tiene todavía un valor de mercado
– Si hemos registrado un nuevo nombre comercial y queremos asociarle el nuevo logotipo.

Esto resulta complicado de adaptar en la concepción que se tiene de nuestra empresa, porque se tomaría como una incorporación al mercado y necesitaría de los mismos mecanismos que una nueva marca para generar confianza.

Lo que NO es conveniente modificar de diseño nuestro logotipo, al menos en un solo paso…
Todo es susceptible de cambios, pero tratándose de una imagen idealizada es conveniente evitar modificar elementos clave de una manera muy brusca, debiendo buscarse la evolución natural.

Serían, primero, la tipografía y el color (o colores) dominante/s. No es aconsejable tampoco cambiar, o sustituir, la pieza –o eje- central sobre el que se basa el anagrama (imagina que Apple dejara de usar, de repente, su manzana, o Windows su característica ventana, o Playboy la silueta de conejo…) centrándose más en aspectos como el suavizado de líneas o la reducción de tamaño final.

¿Puede una empresa sobrevivir sin cambiar su logotipo?

Rotundamente SÍ. No obstante muy pocas lo llevan a la práctica. Adaptar una imagen corporativa a cada etapa trascendental denota no solo un cuidado por los detalles e inversión en medios, sino la constatación de que se trata de un entorno que evoluciona con los tiempos.

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